Hace poco fue anunciada la puesta en marcha de Equals una nueva versión cinematográfica
de 1984, la famosa novela de George
Orwell. Muchos bibliófilos y cinéfilos pusieron el grito en el cielo cuando se
supo que Kristen Steward interpretaría a Julia y que, además, la trama tendría
un enfoque de romance. Lo anterior me pareció una buena oportunidad para hablar
acerca de esta interesante obra, y ya que la nueva película y sus
circunstancias no pintan muy bien, es mejor —siempre lo es— recurrir a la
fuente original: el libro.
Como antecedente, creo que es importante mencionar los hechos
históricos que inspiraron a Orwell, pero tranquilo, no tienes que ser experto
en ellos para disfrutar de esta novela. Éstos son básicamente aquellos
ocurridos bajo el gobierno de Stalin, tales como el pacto con la Alemania nazi
que fue roto en su momento, la enemistad política del Stalin y Trotski, así
como las acciones tomadas contra éste y lo que su figura representaba. Además
de lo anterior, 1984 se vio influida
por la experiencia personal del autor en la Guerra Civil Española, cuando se
dio cuenta de muchas irregularidades en los medios de comunicación.
El deseo de rebelión de Winston Smith, personaje principal
de 1984, nace de una idea, de la
sensación asfixiante de que algo no está bien, de lo evidente que se vuelve
para él que la verdad no se encuentra ni en los libros escolares ni en el
Ministerio de la Verdad —ahí se modifica la historia, literalmente—, órgano del
Socing, ideología de la poderosa Oceanía, siempre en guerra con Eurasia o Estasia,
según convenga al Partido.
El Gran Hermano todo lo ve, todo lo que pienses lo sabrá la
Policía del Pensamiento, si cometes un “ideadelito” contra el Partido serás
torturado, obligado a declararte culpable y convencido de que de hecho lo eres.
¿Cómo es entonces que Smith se atreve a creer que hay otros como él,
inconformes, si ni siquiera se les permite pensar nada opuesto a lo que enseña
el Partido? Su esperanza se alimenta de los rumores de la Hermandad, fundada
por Goldstein, enemigo del Gran Hermano; y lo puede sentir, hay una persona al
menos que es seguramente de los suyos, el “camarada” —así se llamaban entre
ellos también los bolcheviques, por cierto— O'Brien. Un giro decisivo para esta
historia radica en la combinación de ideales de Winston y Julia, una joven
mujer que no es lo que aparenta y cuya presencia conduce al protagonista a
llevar a cabo acciones que él no habría tomado solo.
Como la mayoría de los que nos hemos topado con esta obra,
no puedo evitar pensar que remitirnos únicamente a lo que le tocó ver al autor
sería bastante ingenuo, pues nuestro presente está lleno de irregularidades provenientes
de los grupos de poder —no solamente en el gobierno— y en todo el mundo sigue
habiendo desigualdades, no hay que ser un genio para verlo. Como sea, prefiero
guardarme mis demás reflexiones acerca de las redes sociales, por ejemplo, o
las circunstancias de muchos gobiernos, pues creo que serás tú, estimado
lector, quien encontrará por sí mismo todas las similitudes que yo he
encontrado entre el mundo imaginado por Orwell y el nuestro, real. Para cerrar,
dejo este diálogo de Smith y O'Brien, iniciado por el primero:
—¿Existe el Gran Hermano?
—Claro que existe. El Partido existe. El Gran Hermano es la
encarnación del partido.
—¿Existe en el mismo sentido en que yo existo?
—Tú no existes.
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