martes, 28 de enero de 2014

1984, de George Orwell



Hace poco fue anunciada la puesta en marcha de Equals una nueva versión cinematográfica de 1984, la famosa novela de George Orwell. Muchos bibliófilos y cinéfilos pusieron el grito en el cielo cuando se supo que Kristen Steward interpretaría a Julia y que, además, la trama tendría un enfoque de romance. Lo anterior me pareció una buena oportunidad para hablar acerca de esta interesante obra, y ya que la nueva película y sus circunstancias no pintan muy bien, es mejor —siempre lo es— recurrir a la fuente original: el libro.

Como antecedente, creo que es importante mencionar los hechos históricos que inspiraron a Orwell, pero tranquilo, no tienes que ser experto en ellos para disfrutar de esta novela. Éstos son básicamente aquellos ocurridos bajo el gobierno de Stalin, tales como el pacto con la Alemania nazi que fue roto en su momento, la enemistad política del Stalin y Trotski, así como las acciones tomadas contra éste y lo que su figura representaba. Además de lo anterior, 1984 se vio influida por la experiencia personal del autor en la Guerra Civil Española, cuando se dio cuenta de muchas irregularidades en los medios de comunicación.

El deseo de rebelión de Winston Smith, personaje principal de 1984, nace de una idea, de la sensación asfixiante de que algo no está bien, de lo evidente que se vuelve para él que la verdad no se encuentra ni en los libros escolares ni en el Ministerio de la Verdad —ahí se modifica la historia, literalmente—, órgano del Socing, ideología de la poderosa Oceanía, siempre en guerra con Eurasia o Estasia, según convenga al Partido.

El Gran Hermano todo lo ve, todo lo que pienses lo sabrá la Policía del Pensamiento, si cometes un “ideadelito” contra el Partido serás torturado, obligado a declararte culpable y convencido de que de hecho lo eres. ¿Cómo es entonces que Smith se atreve a creer que hay otros como él, inconformes, si ni siquiera se les permite pensar nada opuesto a lo que enseña el Partido? Su esperanza se alimenta de los rumores de la Hermandad, fundada por Goldstein, enemigo del Gran Hermano; y lo puede sentir, hay una persona al menos que es seguramente de los suyos, el “camarada” —así se llamaban entre ellos también los bolcheviques, por cierto— O'Brien. Un giro decisivo para esta historia radica en la combinación de ideales de Winston y Julia, una joven mujer que no es lo que aparenta y cuya presencia conduce al protagonista a llevar a cabo acciones que él no habría tomado solo.

Como la mayoría de los que nos hemos topado con esta obra, no puedo evitar pensar que remitirnos únicamente a lo que le tocó ver al autor sería bastante ingenuo, pues nuestro presente está lleno de irregularidades provenientes de los grupos de poder —no solamente en el gobierno— y en todo el mundo sigue habiendo desigualdades, no hay que ser un genio para verlo. Como sea, prefiero guardarme mis demás reflexiones acerca de las redes sociales, por ejemplo, o las circunstancias de muchos gobiernos, pues creo que serás tú, estimado lector, quien encontrará por sí mismo todas las similitudes que yo he encontrado entre el mundo imaginado por Orwell y el nuestro, real. Para cerrar, dejo este diálogo de Smith y O'Brien, iniciado por el primero:
—¿Existe el Gran Hermano?
—Claro que existe. El Partido existe. El Gran Hermano es la encarnación del partido.
—¿Existe en el mismo sentido en que yo existo?
—Tú no existes.

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