Adriana Pérez
Mexicali, Baja California, verano de 2012.
¿Qué me dejó el curso en Xalapa el verano
de 2012? Imposible explicarlo bien a bien, pero he aquí una aproximación.
Que me pusieran enfrente de más de veinte
estudiantes de Literatura de entrada me asustó un poco, francamente, pero
estaba emocionada, porque aunque yo estudie una carrera universitaria ajena a
la literatura, hay algo que sé que nos une: las ganas de hacer un cambio
positivo en el mundo a través de la entrega a nuestras creaciones. Y no importa
que lo diga quien lo diga, la luz no ha de apagarse, yo creo que esas ganas
deben aprovecharse y fortalecerse. Conocer a veinticuatro jóvenes comprometidos
con las letras me deja muchas cosas, pero más que nada, hambre de seguir
creando, de seguir aprendiendo y voltear hacia todas direcciones en aras de la
celebración de la diversidad.
Me resulta quimérico transmitir a través de
estos signos todo lo que he vivido: el gozo de la contraposición de ideas y
estilos que se enriquecen mutuamente, los amigos más valiosos que un joven
pueda pedir, una ciudad que por gracia del arte y la conciencia no se queda
callada, maestros y guías que al igual que nosotros buscan cambios positivos.
En Xalapa hemos creado todos juntos un
caldo de cultivo rico en pasión creativa, aprendizaje, y por supuesto, amigos
inigualables.
Testimonio entregado el 10 de julio de 2012 a la Fundación para las letras Mexicanas sobre el curso de creación literaria para jóvenes, llevado a cabo en Xalapa, Veracruz (México) con la Universidad Veracruzana como sede.
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